La inflación y la devaluación monetaria son especialmente importantes en América Latina, donde las fluctuaciones en el comercio y el desorden en la política interna son comunes. Muchos países de América Latina han experimentado una inflación anual de hasta tres dígitos, devaluaciones incontrolables y caídas abruptas en el tipo de cambio. Cuando los administradores programen el presupuesto global de su organización, deben considerar cuidadosamente los problemas asociados con la inflación y la devaluación monetaria. También es esencial una consideración cuidadosa de estos factores para mantener el capital de trabajo en un nivel aceptable.
La inflación y la volatilidad del tipo de cambio no sólo afectan el contenido del presupuesto en sí mismo, sino también la frecuencia con que el presupuesto debe ser revisado. Generalmente, un plan estratégico de mediano plazo cubre de tres a cinco años y debe ser revisado cada año. Además de esta revisión anual, los administradores pueden desarrollar objetivos de cumplimiento trimestral y revisarlos cada tres meses para asegurarse de que el plan de actividades descritas en el presupuesto anual puede llevarse a cabo. Si la inflación o la devaluación monetaria cambian los supuestos del presupuesto, entonces se puede hacer ajustes al plan.
Conforme se hagan las revisiones anuales y trimestrales del presupuesto, los administradores se harán más expertos en identificar los factores que más lo afectan y lograrán un mejor entendimiento del problema. Esta experiencia puede ser aplicada en la planeación de presupuestos futuros.
Si el ambiente económico en que opera la organización fluctúa considerablemente, sea por una súbita o aguda depreciación de la moneda local, por una hiperinflación, o por ambas, los administradores pueden recurrir a las siguientes estrategias: